Por Kevin C. Dinnin, Presidente del Consejo de Children's Emergency Relief International
Quiero compartir con ustedes una historia personal sobre el amor y el compromiso, una historia sobre un niño de Moldavia que cambió mi vida para siempre.
En febrero de 1998, visitaba orfanatos y familias de acogida en Chisinau, Moldavia. En un frío día de nieve, mientras caminaba por la ciudad, una niña se me acercó pidiendo dinero, algo habitual en este país asolado por la pobreza.
Me sorprendió lo joven que era esta niña. Tenía 13 años, apenas una adolescente, sola en la calle y valiéndose por sí misma.
A través de un traductor me enteré de que Ana vivía en un hogar destructivo con dos padres alcohólicos que la desatendían a ella y a sus tres hermanas y hermano. Era indigente, pasaba frío y hambre. Una realidad muy triste, una realidad que juré cambiar.




En 1999, un año después de mi encuentro fortuito con Ana aquel frío día de invierno en Chisinau, fundamos Children's Emergency Relief International (CERI). Apadriné a esta niña, colocándola en un hogar de acogida de CERI que le proporcionó un entorno cálido y cariñoso, y la oportunidad de ir a la escuela. Después vi cómo Ana prosperaba.
Con una nueva vida por delante y la gestión de casos que le proporcionaba el CERI, Ana sobresalió en sus estudios, tomando cursos que le darían las habilidades que necesitaba para conseguir un trabajo y hacer su vida por sí misma. Sigo en contacto con Ana y hoy me enorgullece decir que es una mujer educada y autosuficiente, que trabaja y se vale por sí misma, está casada y tiene dos hijos.
Gracias al CERI, este niño de Dios se salvó de la trata de seres humanos, de la explotación y de una vida sin amor ni estabilidad, cosas que ningún niño debería experimentar jamás.


Para mí fue la mejor inversión que podía hacer, invertir en un niño cuya vida cambiaría para siempre. He tenido el honor y el privilegio de servir a esta extraordinaria organización durante décadas, una organización cuya misión está realmente unida a mi corazón.
Tú también puedes transformar la vida de un niño. Los niños del CERI te necesitan, todos. Tu apoyo alegrará sus corazones y les hará sonreír. Sabrán que no están solos. Sabrán que alguien se preocupa por ellos, alguien con un corazón generoso y un espíritu solidario.
En las décadas transcurridas desde su fundación, el CERI ha crecido hasta servir a niños de países de todo el mundo. Ana fue el comienzo de algo grande, algo que perdurará para ayudar no solo a su generación, sino a muchas más.